Cambiemos de valle. Zermatt remata un hermoso panorama y en su camino se encuentra la acogedora Randa. Pueblecito acogedor a las faldas del Dom. Es éste sin duda un pico con mayúsculas.

Su ruta normal parte de la Iglesia del Pueblo. Asciende una senda entre bosques primero y rocas después hasta llegar al Domhutte. Allí las vistas nos relajan, pero una mala bienvenida primero y una señal de prohibido acampar nos impulsan a continuar la marcha en busca de un buen asentamiento para nuestra tienda a los pies del Glaciar Hohgberg.

Al fin encontramos restos de acampadas pasadas y agua cerca. Toda la tarde para pensar, descansar, comer y dormir.

Es duro comenzar de noche. Conforme comenzamos a escuchar ruido de crampones acariciando la roca colindante nos ponemos manos a la obra. Un buen desayuno y al lío. Primero sobre roca. Más tarde sobre el mismo glaciar y su hielo vivo, y al final ya sobre nieve hasta llegar al Festijoch. Allí, con no más luz que la de nuestras linternas frontales, emprendemos la escalada sobre crampones en la viva roca.

El camino es incierto pero no demasiado complicado. Tal vez hemos pasado de II a III grado, pero se torna más interesante. Sobre todo para José que se calzaba crampones por segunda vez.

Ya después, saludamos al amanecer y, bastones en mano, esquivamos grietas y subimos y subimos remontando el Glaciar Festi. Así hasta la cima, coronada por una cruz. A ella no osaron acercarse todos los presentes, pero a nosotros nos picaba el gusanillo.

El resto, un largo descenso lleno de satisfacción por el éxito de la empresa, y ya ganas de pensar en futuras ascensiones.

Este sería el final de nuestro periplo alpino del año. Hasta la próxima.

Un saludo montañeros.