Ya con el nuevo curso empezado y aún resacoso de los Alpes, recibí la llamada de Jorge. “¿Te animas a subir a Riglos mañana?”, me dice. “Había pensado en escalar el Puro”.Y yo, dada mi alta experiencia en el conglomerado riglero (cero) respondí: “¿A qué hora quedamos?” Este fue el principio de nuestra bonita aventura riglera.


Sigue leyendo…



El puro es la escisión del mallo Pisón, el mñas grande de Riglos. Se separa de éste a una altura de unos 100 metros para continuar su vertical camino otros 80. Su cima tiene una superficie de unos escasos 2 metros cuadrados y su dificultad ronda el quinto grado de escalada (V) con picos en algún largo de 6a y 6b.
El material escogido fueron unas 10 cintas exprés, doble cuerda,casco, cantimplora, material para reuniones y poco más. No es necesario más, pero no sobraría algún que orto friend o fisurero cuando las chapas alejan más de lo habitual.

Decidimos emprender la escalada por la ruta normal, con la salvedad de tomar los dos primeros largos por su variante directa, que es ahora la más transitada. Dichos largos son verticales con constantes panzas de pasos largos, físicos y disfrutones. Así llegamos al principio de una chimenea con una cueva, que nos deparaba el largo de 6a. La chimenea es sencilla y por lo tanto los seguros alejaban.

Así hasta el collado. Es en este punto donde se separa el Puro del Pisón. De aquí al final escalada un poco más exigente y con mucho ambiente. Reuniones mínimas y pasos más duros. Ultimos esfuerzos para coronar una cima que nos dio tanquilidad, alegría y satisfacción.

Grandes vistas y fotografías mentales. Silencio sonoro y tiempo para la meditación. Tras ello, rápeles y más rápeles. De hecho, más de la cuenta. Tanto que debido a que las cuerdas no bajaban tuvimos que hacer algún largo repetido, y los últimos rápeles con “poca luz”. Al final, tras todo ello, pude contar con una sonrisa que había estado en riglos, y que la pequeña cima del puro dejó un hueco para nosotros aquel inolvidable día.


Un saludo montañeros.