Nuestro periplo italiano había tocado a su fin. Mas la ruta circular alrededor de los alpes no había hecho sino comenzar. Y heme aquí para contar cómo fue la primera etapa en tierras suizas.

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Sí, Zermatt, cuna del Matterhorn, Cervino para otros. Una ciudad que no permite el tránsito de vehículos que no sean sus trenes o sus curiosos automóviles eléctricos con denominación de origen. Esta vez tocaba algo tranquilo. Tras la aclimatación, y sin días de descanso (pues nuestro hambre de montañas seguía sin ser saciado), acometimos el teleférico de Klein Matterhorn, que nos depositó en una llanura blanca inmensa, a los pies del objetivo del día. Los Breithorn son los cuatromiles más ascendidos del planeta. No es de extrañar dado el poco esfuerzo físico y técnico que exigen. Tan sólo completar la cresta requeriría algo de pericia.
Una vez contemplado el paisaje, adaptamos nuestra indumentaria al calor. Las mochilas son ligeras esta vez, y nuestra aclimatación ya estupenda. Con estas premisas sólo podia ocurrir una cosa. Nuestra cordada adelantando una extensa romería hacia la cima. Deleite de vistas y un pequeño bocado de cresta. Continuaba, pero no la habíamos previsto. Necesitábamos tiempo. Tan sólo un tiento en unos pasos con mucho patio y una actividad más en la lista de deberesLa arista integral de los Breihthorn. Prominente, aérea y con algún que otro paso atlético. . Un bombón que no se nos escapará. Por lo demás, destacar que Quique volverá con sus esquís y todos nosotros a cerrar la zona y, cómo no a por el mítico Cervino.Un saludo montañeros.