Ultima salida de preparación, para los Alpes, y con compañero de lujo. Mi primera salida a la Montaña con Miguel fue la bonita arista de los Besiberris, que comprende los tres del mismo nombre más Comaloformo y Punta Passet. En total cinco picos y un ambiente de naturaleza salvaje y solitaria. No podía ser menos a las puertas de un parque nacional(el de Aigües Tortes y San Mauricio).

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Tomo el autobús hacia Sabiñánigo. Allí Miguel me espera, son fiestas pero nosotros huimos de la muchedumbre. Rumbo al túnel de Viella cruzando valles solitarios. De todos ellos me comenta algo, así como de las montañas que los cercan. Así hasta llegar al Aparcamiento de Conangles, donde ya el coche sobra. Sacamos del maletero el material necesario, haciendo incapié en limitar el peso de nuestras mochilas. Comenzamos la marcha, hayedos, torrentes, sombra y buen ritmo nos depositan ante la mejor postal del fin de semana: el Estany de Besiberri con la cresta al fondo.
Incluso se adivina el metálico refugio, delatado por su dorado brillo al sol. Las parejas aprovechan tan bucólico lugar. Nosotros nos conformamos con contemplar a un pequeño sarrio, tal vez perdido y enfermo, pero bello igualmente. Un poco más de camino, otro Estany y al refugio. Espléndido por dentro, mejorable por fuera. Las vistas del Aneto dejan el resto. Un padre y su hijo nos hablan un poco de la zona, la cual aman, pero no conocen en exceso. Afortunadamente, con los mapas y las reseñas que trae Miguel tenemos más que de sobra. Plácida noche, yo hasta sin saco y unas ganas enormes de crestear. Manos a la obra, cruzar un nevero, subir una canal y ya tenemos nuestro primer tresmil del día: el Besiberri del Norte. Las vistas a estas alturas del día tienen un aspecto diferente. Continuamos la arista, a veces caminando, otras trepando, a este y oeste. El sol aprieta pero no ahoga, y deja que distingamos fácilmente la ubicación de los estanys. Los picos se van sucediendo: Besiberri del medio, del Sur, Comaloformo, y se acabó la reseña. La punta Paset tendrá una dosis extra de aventura. Aforntunadamente, encontramos una buena canal para atacarla, desde donde se accede a la arista, expuesta pero sencilla, y así culminar la arista. El resto, descenso hasta el collado y después hasta el refugio. Bellas y sonrientes francesas. Momentos de relax junto al arroyo, comida y más descanso, y ya sólo, un descenso eterno hasta el coche. Allí, como suele pasar, el deseo de hollar más picos volvía a nuestro ser. Bonita zona, bonita actividad. Un saludo montañeros.