Aquí empieza mi intensa semana montañera de preparación para los Alpes. Alex me llama y me propone subir al “monte Cervino de los Pirineos” por una atractiva variante: La cresta de Costerillou. Se trata de la continuación de la Cresta del Diablo, si bien no puede competir con ella en dificultad ni en belleza, supone para nosotros, escaladores clásicos noveles, un reto importante.

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Así pues, ya decididos por completo, nos unimos en la estación de autobuses de Sabiñánigo, en la cual Alex me recoge con su buga (¿empieza la tensión? Jaja. No, conduce muy bien). Pasamos la mañana preparando material y comprando comida, y a Alex aún le da tiempo para calentar motores en un 6a+ del Bubón.
A eso de las 17:00, con la fresca, aparcamos en el embalse de la Sarra para poner rumbo a Respomuso. Ya hemos descartado dormir allá, y sólo será una parada técnica, pues llegaremos hasta el pie de la Cresta, con vistas a la Brecha de Latour.
Por el camino nos cruzamos con una sorpresiva presencia masiva femenina, de muy buen ver, que nos anima a seguir subiendo (¿de dónde saldrán?¿qué les dan de comer?)

Hasta nos encontramos con una compañera mía y su novio, ellos ya de bajada.
Descansamos un poco en el refugio. Impresionantes vistas del embalse. Está a rebosar, la luz reverbera en él desatando toda su belleza. Mas nosotros continuamos la marcha, ya empinada y tediosa, el peso de tanto material de escalar y de dormir hace que sea un poco más lenta. De todos modos, nos sobra para llegar de día, y comprobar como otra pareja vuelve a duras penas de la Aguja Cadier para instalarse en tienda junto a nosotros.
Por nuestra parte, un vivac reforzado nos valdrá. La noche promete ser clara, y las vistas hacen el resto.
Y así, tras una velada marcada por las estrellas y una luna imponente, brillante como pocas veces la vi, despertamos animados en busca de la vira que nos da paso a la cresta. Si todo va bien, enlazaremos tres picos de más de tresmil metros, yo repetiré uno por primera vez y ascenderemos el más difícil de los Pirineos por su vía normal (la Torre de Costerillou). Pinta bien, ¿eh?.
Con estas premisas y los crampones colocados nos aproximamos a la vira. Hay algún hito. Ya en la roca, nos toca trepar un poco, es expuesto pero fácil, ideal para calentar física y mentalmente.
Así llegamos a la cresta. Menudo ambiente. Ya sólo eso merecía la pena. Aquí tiene que entrar a jugar la cuerda. Ensamble y a correr. Cómo cambia todo. Nos llena de seguridad. vamos Ascendiendo a buen ritmo. Todo es fluido. Llegamos a la Aguja d’Ussel (3022). Impresionantes vistas. La moral alta. Ahora toca enfilar la Torre de Costerillou(3049). Las trepadas son fáciles. Un par de pasos: uno de destrepe y otro de IV- bien protegido nos llevan a la Torre. Ya van dos. Al fondo vemos a la pareja de ayer. Esperemos que les vaya bien. Un rapel y la cuerda se atasca. Ahora que ya no queda casi nada. Alex con un poco de maña nos saca del apuro. A partir de ahí, a disfrutar. Las travesías por la cara norte resultan impactantes. Jamás había tenido tanto patio. La escalada es disfrutona y nos llena llegar a la cumbre según todo lo previsto, unidos por la cuerda y con aire triunfante. Sí, la metálica cima del Balaitus (3144) es nuestra, así como la cresta que le precede.
Ya sólo bajar y unos rápeles por la Brecha de Latour. Nieve sin crampones y a descender. Casi corriendo hasta la Sarra.¡Qué bonito es esto! Un saludo montañeros.