Y por fin llegó la Semana Santa. Con la baja de Dani, luchando en otros frentes, sólo Alex y un servidor quedaron para enfrentarse a las temibles cimas nevadas de este hermoso valle.


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Los objetivos eran ambiciosos. Una retahíla de material nuevo así lo atestiguaba. Piolets técnicos, cuerdas de escalada clásica, tornillos de hielo, camalots, fisureros…de todo. Tan sólo la propia montaña tenía en sus manos echarnos atrás.


El valle de Tena, labrado por el río Gállego y ahora hollado por embalses, pueblos, estaciones de esquí y muchos, muchos turistas, alberga en su cara oeste las estribaciones de la Sierra de la Partacúa. Ninguna de ellas supera los 3000 m, pero la belleza de sus salvajes formas escarpadas lo hacen olvidar al instante. Así, Telera, Escarra y compañía, no hacían sino quitarnos el sueño con sus eternos corredores y sus grandes diagonales de hielo, roca y nieve.

Instalamos el Campo Base en la casa de Alex. Esta vez habitada también por sus padres, excelente cocinera y buen apuntador de anécdotas. Y así, tras habernos acomodado y revisado el material, fuimos a saludar a los amigos de Alex, en la sempiterna tasca Berchiles. Entusiastas de la velocidad, espontáneos, largos conversadores y amables anfitriones, amenizaban las tardes previas a la actividad matutina de nosotros dos.
El primer día el objetivo era claro. Punta Escarra tiene un corredor de unos 45º de inclinación, ideal para subir y bajar con esquís de travesía, y una pared que no supera el III grado, también ideal para probar nuestro nuevo material de escalada clásica y en mixto.

Todo marchaba según lo previsto. Tal vez inquietaba ligeramente la gran cantidad de nieve, pero el ritmo era bueno. Desembarco en el parking de Sarrios, ascensión al collado de Izas y una espectacular continuación por la cresta hasta la entrada del corredor.

Mucha nieve. Muy virgen. Muy polvo. Cuesta hacer huella. Nos turnamos. Somos los primeros. Llegamos al corredor. Síntomas de aludes. Comienzan a caer hielo, piedras y nieve. Continuamos. La pendiente del corredor impone, pero también acompaña a seguir. Todo seguía igual hasta que de repente oímos un pequeño ruido sordo sobre nuestras cabezas. La nieve comenzaba a caer por un lado del corredor. No era mucha, pero lo suficiente como para llegar hasta nuestros pies y hacernos plantear la marcha atrás. Realmente hay mucha nieve. El riesgo es alto y no para de caer. Tras algunas deliberaciones y haber experimentado el paso sobre la nieve sin esquís (completamente impracticable), decidimos descender la mitad del corredor que habíamos tomado. Sabia o no, fue la decisión tomada. Más tarde pudimos comprobar aludes mayores y como otras personas también abandonaban (otras también continuaron). Así que descendimos hasta una roca y nos pusimos a iniciarnos en el “dry – tooling” mientras calentábamos nuestras manos y contemplábamos tan excelso paraje. Lo demás, más huella y a comer. El mejor montañero es un montañero vivo.
Por la tarde tuvimos tiempo de probar los camalots en una vía de escalada deportiva del Bubón, a la salida de Tramacastilla. Divertido, interesante y muy motivante de cara a la temporada de escalada clásica.


Segundo día, y la montaña oponía toda su fuerza contra nuestra voluntad. Feo día de temporal. Tan sólo una pequeña excursión por la frontera podría salvar los muebles. Y así fue. Una bonita ascensión por la parte francesa del puerto de Portalet. Gran ejercicio de orientación para Alex, quien rompió un bastón fruto de peligrosa frustración, pero que nos devolvió sanos y salvos al bueno del rojo Vitara tras sufrir la cellisca del collado de Aneu y las múltiples caidas que propicia el no sentir el relieve.
En la tarde, nieve y más nieve. Todo presagiaba una gran esquiada al día siguiente.
Y así fue. Magnífico día el que amaneció en el valle de tena. Alex y yo emocionados y con ganas de probar esa nieve virgen tan difícil, tan retadora. Así fue sólo durante una bajada, pues en las pistas de Formigal la señal eléctrica no llegaba.Un viaje en un dinosaurio quitanieves y otro día gratis fue el bagaje aquel día en la estación. Así que decidimos ahondar más en la práctica de nuestro nuevo deporte: el “dry – tooling”. Escogimos una vía de escalada deportiva inutilizada, pero con seguros. ¿Ideal? Puede que no. Al principio todo iba bien. Roca seca, escalada dura pero, relativamente segura. Alex abrió la vía y era divertido. Poco a poco la roca se fue mojando y las condiciones empeoraban. El piolet resbalaba fácilmente y al final tuvimos que sudar para volver con todo el material. Moraleja: digas lo que digas , Alex, dragoneras “forever”.
Quedaba un solo día. Un día para gastar ese maravilloso bono que nos quedaba del día anterior en Formigal. Y aunque la nieve no era la misma, pudimos probar la nieve virgen durante toda la mañana. Qué dura es la nieve más blanda.
Ya sólo Berchiles y Monrepós, esto último sin duda lo mas emocionante de la semana. La montaña nos lo puso difícil, pero siempre hay una lectura positiva, y esa fue la que sacamos cada día que nuestras mochilas plagadas de material entraban en la coctelera bermellona de Tramacastilla.Como regalo estas dos fantásticas panorámicas de la Sierra de la Partacúa.

Un saludo montañeros.